En la entrada anterior discutí las propuestas del PSOE para combatir la crisis económica. Vayamos ahora con el PP. Aquí pisamos en terreno bastante quebradizo porque ni Rajoy ni Montoro (que parece ser el que lleva la batuta hoy por hoy en el PP en cuanto a política económica, aunque quién sabe) se han esmerado demasiado en concretar sus ideas. Rajoy es un experto en decir que todo va mal, pero cuando se trata de decir cómo mejorarlo, nos quedamos en el mundo de la vaguedad. En fin, lo más que tenemos por ahora es un documento que apareció hace como un mes, y en el que se esbozan las propuestas del PP (en realidad no se trata ni de propuestas, sino de 'cuestiones a debatir'... a debatir, ¿por quién?). Algunas de ellas:- Primera: Austeridad. El documento propone limitar el crecimiento del gasto público al 2% en los años venideros. No concreta si en términos nominales o reales, ni cómo implementarlo (¿qué partidas del presupuesto crecen y cuáles no?). En todo caso, parece que ideas como presupuesto anticíclico y estabilizadores automáticos no van con estos señores.
- Segunda: Reestructuración del Sistema Financiero. Aquí no dice nada concreto, sólo que hay que mejorar y hacer las cosas bien. Estamos de acuerdo, claro.
- Tercera: Reforma Fiscal. Tal vez la propuesta estrella del PP y de Rajoy, y que le diferencia radicalmente de sus socios de centro-derecha europeos (que en general proponen aumentar el gastio público, no reducir los impuestos). En principio tiene un problema: Tiene un efecto multiplicador menor que el del gasto público (porque los impuestos que dejan de pagar las familias o las empresas no es seguro que se dediquen a consumir o a invertir, y mucho menos en tiempos de crisis). Ventaja: En principio, los consumidores y empresas saben mejor que nadie cuáles son sus prioridades. Por esta razón, si hay que elegir entre un gasto público que no se dedica a financiar bienes públicos esenciales (como mucho del gasto incluido en el plan E del gobierno), y una reducción de impuestos, casi prefiero lo segundo.
Ahora, no cualquier reforma, y ahí es donde entramos en problemas con las propuestas del PP. Primero, se propone aumentar la deducción por compra de vivienda habitual. Mal vamos. Por razones que son largas y que comentaré en otra entrada, esta deducción tiene (sea cual sea su cuantía) una justificación muy limitada. Debería haberse eliminado hace ya años. Segundo, propone mejorar la fiscalidad del ahorro a medio y largo plazo. Curiosa medida, si tenemos en cuenta que gran parte de la crisis actual está motivada por una caída del consumo. Tercero, se proponen una serie de medidas para reducir la carga fiscal de PyMES y Autónomos. Algunas parecen interesantes pero, ¿es que las grandes empresas no son importantes? ¿Debemos premiar a una empresa por ser pequeña?
- Cuarta propuesta: Reforma Laboral. No se dice nada concreto, cómo ya nos tiene acostumbrados el PP en este respecto.
- Quinta: Actualización del Pacto de Toledo. De nuevo nada concreto, sólo que se tiene que reunir.
- Sexta: Reforma del Mercado Energético. Aquí la principal 'cuestión a debatir' es la creación de una Subcomisión de política Energética en el Congreso. Gran medida, que sin duda revolucionará el sector por sí sola.
- Séptima: Mejora de la competitividad. Esta es una mescolanza de propuestas, algunas más concretas e interesantes que otras. Las dejo para una entrada futura.
- Octava: Recuperación de la Unidad de Mercado. No sé que quieren decir exactamente con esto, pero proponen crear una Comisión Nacional de Unidad de Mercado, lo cual suena muy inquietante.
- Novena: Reforma Educativa. Aparte de algunas vaguedades, se incluyen dos ideas interesantes: (a) Evaluación externa de alumnos y centros, (b) fomentar el aprendizaje del inglés. En todo caso, nada revolucionario. ¿Cómo quieren combatir el fracaso escolar? ¿Y mejorar las universidades?
En fin, hay más propuestas (algunas interesantes; otras absurdas, como el contrato de integración para los inmigrantes) pero no quiero aburriros. El tema es, simplemente, que tenemos un partido en la oposición que no tiene ideas o no se atreve a concretarlas. Y dicho esto, muy poco más puede añadirse.





